Son las 3 y 38 de la madrugada del 9 de octubre de 2008. No quiero influir en las elecciones por editar este tipo de pasquines porque sea jornada de reflexión pero me da vergüenza de mi democracia y al que no le guste mi forma de pensar que se fastidie. Yo siempre he sido una persona abierta a las nuevas ideas y a las diferentes formas de pensar pero ya no puedo más.¿Por que la gente del PSOE piensa que son los únicos salvaguardas del espíritu republicano e izquierdista de la democracia salida de la guerra civil? ¿Cuando yo que soy votante de IU no me vendo ni dejo que me manipulen con sus ideas maniqueístas de la democracia bipartidista asquerosa y rancia que proponen? republica1.jpgAquí no acuso al PP, ya que su partido es igual al PSOE, un grupo político que presume de democráticos pero que en su régimen interno siguen eligiendo a sus representantes a dedo.

Hoy me ha indignado el comentario de un amigo que ha dicho que Izquierda Unida está condenado a desaparecer porque está obsoleta y ausente de un régimen democrático.

Si la democracia es un régimen  bipartidista carente del mas mínimo derecho a la libertad de pensamiento y que obliga a, no sólo a nuestro intelecto, sino a nuestra  conciencia democrática salida de cuarenta años de dictadura a ceñirnos a unas ideas preconcebidas, a asumir y tragarnos lo que nos den por narices me niego.

Siempre he respetado la libertad de expresión, pero ya es hora de que la gente escuche lo que yo deseo para España. Un Estado plurinacional, republicano y democrático, con una idea de economía diferente, que no se base en el capitalismo ausente de conciencia social y dignidad por la persona. Es una aberración que la gente mil eurista se endeude por una casa y un coche, pero ¿Y yo que no tengo trabajo? ¿Acaso por ser de Izquierdas no lo merezco? La gente dice que no tengo derecho a quejarme porque soy “rojo” y vote a ZP. Pues no señor,  no le voté, su política de becas a estudiantes universitarios me parecido nefasta, por poner un ejemplo, estoy harto de todo, de PSOE y PP, de la tiranía maniqueísta que imponen, de sus ideas de economía que están a la expensa de las fluctuaciones económicas del mercado, no sólo europeo, sino mundial. Y sobre todo de sus ideas políticas que les hacen garantes de la democracia española como si los demás partidos no hubieran contribuido a la misma: cuando el PCE durante años luchó contra el régimen franquista Y el PSOE no hizo más que venderse y sobrevivir a un cambio político, aunque en la clandestinidad, al final bajándose los pantalones para sobrevivir.

Y al final son los que nos gobiernan, unos vendidos a la democracia que proponían, en principio, o unos herederos del gobierno de la Iglesia y de los poderosos que proponía el franquismo.

En  fin, que cada uno vote en conciencia pero no por la patraña que nos venden del voto útil o la salvaguarda de la idea de España. Votemos por los conceptos e ideas que nos inspiran desde que la democracia entró en España en los años treinta sin el miedo de una república laica e izquierdista que acabe con la unidad de España, seno de la ideología roja y masónica, propia del franquismo.

Yo llamo a que el agente ejerza su derecho a la democracia pero que sepa que no se limita a los partidos mayoritarios, sino que cuenta con un montón de opciones para elegir.Animo. 

 

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La institución eclesiástica en la Baja Edad Media tiene un enorme poder, no sólo político y económico, sino sobre todo social. Está presente en todos los aspectos de la vida de los feligreses, desde que abren los ojos al mundo con la ceremonia del bautismo hasta que lo abandonan para afrontar el viaje al Más Allá.

Tanta es la intromisión de la Iglesia en la vida cotidiana de las gentes medievales que incluso en materia de relaciones íntimas y sexuales.

Los eruditos doctrinales establecen desde muy pronto las diferentes acotaciones en materia sexual:

 

  • No se puede practicar fuera del matrimonio porque es pecado.
  • Tampoco en días señalados en el calendario religioso como los viernes, semana Santa, cuaresma, etc.
  • Incluso se pone coto a las prácticas sexuales prohibiéndose que la mujer se pusiera encima, ya que para la Iglesia la mujer era un ser inferior al hombre y tenía que estar subyugado a él.
  • Es evidente, viendo todo esto, que estaban absolutamente prohibidas las relaciones extramatrimoniales, ya que conllevaban el pecado de fornicación, aunque se hace la vista gorda con el adulterio masculino, que a pesar de ser considerado pecado no es delito como el femenino. La legislación vigente en la Baja Edad Media castiga con la exhibición de la vergüenza pública, azotes y castigos corporales a las mujeres adúlteras junto con sus amantes.
  • Podemos deducir, a tenor de todo esto, que estaban prohibidas y censuradas todas aquellas prácticas sexuales que no estuvieran destinadas a la reproducción dentro del matrimonio.
  • También son castigadas las relaciones de personas del mismo sexo, calificadas de antinaturales y castigadas con la muerte. A pesar de ello no hay apenas testimonios de mujeres acusadas de prácticas lésbicas.

Es un hecho que la Iglesia, en épocas pasadas, ha contado con un extraordinario poder sobre las personas, controlando todos los aspectos de su vida, incluso los más íntimos y personales. Ha dado y sigue haciéndolo lecciones de moralidad.

 

  

 

 

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El líder espiritual de esta disidencia doctrinal en el seno de la Iglesia de Occidente fue el obispo toledano Elipando, aunque contó con otro foco de importancia como era el del obispo Félix de Urgel; uno sometido al Islam y el otro en la zona fronteriza con el imperio carolingio, en el siglo VIII de nuestra era.

Es una disputa en torno a si Jesús era hijo natural de Dios o fue simplemente adoptado por Él.

La oposición a la herjía se centró en la figura del Beato de Liébana que arrojó duras críticas contra Elijando. Su expansión fue rápida y apabullante, inquietando no sólo al papa Adriano I sino también a la corte de Carlomagno.

Los legados del papa presentes en Frankfurt en el 794 fueron muy claros al respecto de esta discusión teológica afirmando que Cristo era hijo natural de Dios y que al hacerse  hombre siguió manteniendo su origen divino, era hijo verdadero de Dios y no adoptivo.

Incluso en Aquisgrán, corte de Carlomagno y  capital política y administrativa del Imperio carolingio, Alcuino de York rebatió repetidas veces las teorías adopcionistas basándose en varios de los textos patrísticos.

Ambos defensores de la teoría adopcionista murieron denostados por la Iglesia pocos años después.

Imágen sacada de www.artehistoria.com

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Aunque muchos historiadores e investigadores han mantenido la idea de la existencia de sociedades primitivas matriarcales, apenas se han hallado pruebas que lo confirmen, llevando todo a pensar que el patriarcado existe desde el principio de los tiempos. Sin embargo, esto no excluye la posibilidad de la existencia del matriarcado. Lo que se ha podido extraer de los indicios con que contamos, es que la mujer en la Prehistoria contaba con una posición elevada en el mundo religioso y participaba de la vida social. Por otro lado, a la vez que las culturas evolucionan y se militarizan, paulatinamente van perdiendo status.

Una de las civilizaciones más prósperas y base de nuestra actual civilización es Grecia. A lo largo de la Antigüedad el papel y el concepto que se tuvo de las mujeres no vario mucho, aunque debido a su organización de polis estado, la situación femenina cambia un poco dependiendo nos hallemos en Atenas, donde la vida era más difícil, o Esparta, Creta, etc.

Gracias a la literatura podemos conocer la situación de la mujer en Grecia. Para la época Arcaica contamos con un documento excepcional: los poemas homéricos, que recogen toda la tradición oral transmitida a través de los siglos, y puesta por escrito en el VIII a. C. Estudiando su contenido podemos percibir las tradiciones de la sociedad micénica y los principios de la sociedad griega, entre ellos los referentes a la mujer.

Homero muestra una serie de modelos de mujeres a través de las cuales recalca las virtudes y defectos de éstas, el lugar que deben ocupar y su papel. Así, la mujer homérica está excluida totalmente del poder político y de la participación en la vida pública. Su destino es el matrimonio y la procreación, recluida en el oikos, donde esta subordinada al cabeza de familia. El hombre homérico mira a la mujer con desconfianza, la ve débil, infiel, voluble, por eso, entre otras razones, no puede participar de las cosas masculinas, es decir, el poder.

Para Hesíodo y Semónides la mujer es mala por naturaleza, es un peligro, el peor castigo que les ha podido mandar Zeus.

Esta misoginia de época Arcaica va a perdurar a lo largo de la Historia, no solo de Grecia, sino de todo Occidente.

AUTORA: LORENA BODAS.

HIPATIA.jpgHipatia de Alejandría fue una mujer nacida en la segunda mitad del siglo IV en la milenaria ciudad fundada por Alejandro Magno a orillas del mar Mediterráneo.

Se la considera un ejemplo a seguir ya que en aquella época las mujeres, con el incipiente cristianismo como religión oficial del Imperio, comienzan a ser apartadas por los “Padres de la Iglesia” de los puestos directivos de las comunidades cristianas, puestos que en un principio detentaban tanto hombres como mujeres.

El padre de Hipatia era Teón de Alejandría,  directos de la biblioteca de la ciudad y profesor de matemáticas y astronomía de la academia. Éste hombre instruyó a su hija como a un alumno más despertando su interés por los conocimientos científicos y la enseñanza.Hipatia tenía una personalidad arrolladora, muy influyente en política y administración.

Sucedió a su padre al frente de la dirección de la biblioteca.El final de Hipatia fue trágico, acorde con el periodo de inestabilidad política y social que vivía un imperio dividido y debilitado, económicamente sumido en una profunda crisis que duraba ya doscientos años. Un Estado el romano en el que las enseñanzas de los filósofos grecolatinos, tan en auge en otros tiempos más lejanos, van siendo relegados por una religión católica que se impone, muchas veces por la fuerza, al paganismo al que acusan de malvado y diabólico.

El obispo de Alejandría, Cirilo, fue el gran enemigo de Hipatia, inflamando a los jóvenes cristianos de la capital de la provincia romana, acusando a la filósofa y matemática de brujería.

Finalmente tanta tensión y amonestaciones desde el púlpito desencadenaron en el año 415 con el ataque de bandas de descontrolados cristianos, con los ánimos inflamados y enfervorecidos que atacaron a Hipatia, paleándola, desnudándola, torturándola y asesinándola. El fin de la desdichada intelectual coincide con el final del paganismo clásico grecolatino y el abandono de la filosofía neoplatónica, de la cual ella era uno de los máximos exponentes. Esa libertad cultural, ideológica y religiosa de la que se dice que Constantino el Grande dotó al imperio con el Edicto de Milán en el año 313 no fue mas que el inicio de la decadencia de esos principios, dotando al cristianismo, poco después, del honorífico título de “religión oficial”, que comienza a desacreditar a las demás religiones ancestrales del imperio. El golpe de gracia lo recibirán los cultos paganos casi 50 años más tarde cuando sea asesinado el emperador Juliano, mal llamado el Apóstata, cuya prematura muerte impidió el fortalecimiento de los cultos politeístas característicos de la roma clásica.

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Muchas vueltas se han estado dando estos últimos meses en torno a la llamada “Ley de la Memoria Histórica”, un tema que por espinoso y peliagudo ha sido evitado intencionadamente por los historiadores, pero creo que ya es hora de pronunciarse con respecto a esta ley.

En mi opinión tan sólo pretende recordar a aquellos que murieron en la contienda civil que tuvo lugar entre 1936 y 1939, que defendieron una idea de España diferente de la que hasta entonces existía, libre, democrática, igualitaria y plural. Eso no quiere decir que se vaya a demonizar a los muertos del bando nacional, pero es de recibo decir que mientras estos han “gozado” del reconocimiento de las autoridades del régimen franquista los del bando republicano fueron demonizados y aparcados en el olvido como si nunca hubieran existido. Por lo tanto no entiendo la actitud de ciertos partidos políticos al llevarse las manos a la cabeza, asegurando que la creación de esta ley responde a ansias revanchistas, intenciones de revivir el conflicto, etc. a mi modo de ver es un homenaje a los que dieron su vida por España, una España diferente a la que resultó vencedora en el conflicto, pero que defendía la democracia, esa de la que unos pocos se hacen guardianes y defensores.

Como historiador creo que es justo recordar lo ocurrido, analizar las causas y las consecuencias, intentando no tender a la politización. No debemos olvidar nuestro pasado, porque si lo hacemos, si desconocemos de de donde venimos no sabremos quienes somos ni que camino debemos tomar, perderemos nuestra identidad.

Hay políticos que dicen que “se deje descansar a los muertos en paz”, los muertos están enterrados, pero me parece justo que los familiares de esos hombres y mujeres de los que se desconoce el lugar exacto de sus tumbas puedan llevar flores a algún lugar concreto, donde honrar la memoria de sus seres queridos.

En cuanto a la retirada de los símbolos franquistas de las ciudades y pueblos de España me parece que es una asignatura pendiente de la democracia. En ningún país del mundo que haya sufrido bajo un régimen “autoritario” quedan restos en sus lugares públicos de esos dictadores o dirigentes, no existen en Alemania ni en Italia o Rusia. Es más, en Alemania está prohibida la exhibición de banderas o elementos que denoten ideología nazi. Hasta ese extremo no es necesario llegar, porque entiendo que la libertad de expresión es un derecho inalienable de la persona y que cualquiera tiene derecho a manifestar abiertamente su ideología, si yo soy libre de enarbolar una bandera republicana, ¿Por qué alguien no puede llevar una franquista?

En definitiva apelo al sentido común de las mujeres y los hombres que vivimos en este país, que convivamos en paz y armonía, que podamos expresar abiertamente nuestras ideas y formas de pensar, pero siempre con respeto hacia los demás, máxime con los que discrepamos.

No olvidemos la Historia de este país, ni las cosas buenas ni las malas, aunque nos duelan y en ocasiones nos avergüencen.

 

safo.jpgEn varios post iremos explicando la situación de las mujeres y las relaciones de género existente en la Grecia Antigua basándonos en sus leyes y textos tanto literarios como filosóficos. A continuación se presenta un amplio resumen:

A lo largo de la Historia Antigua, la mujer de Grecia ha pasado de gozar de una cierta libertad en los palacios cretenses a estar totalmente aislada y recluida en el gineceo en el periodo clásico para volver a recuperar ciertas capacidades al margen de la figura masculina de su familia durante el helenismo.

Las primeras leyes de la polis ateniense ya estipularon en el VII a. C. la condición de inferioridad de la mujer, idea plasmada en la teoría filosófica de Aristóteles en la que la mujer es materia, y por tanto carece de razón, sentimientos e inteligencia, justificando así su incapacidad y privación de participar en la política, algo sólo masculino.

La literatura se encarga de mostrar los modelos que deben seguir las mujeres, algo así como la mujer ideal que propugna después el cristianismo en la figura de la Virgen y la mujer fatal y pecadora que es Eva. Para el hombre griego la mejor esposa es aquella silenciosa, corta de entendederas, fiel, devota, y dedicada únicamente a las tareas del hogar, principalmente el tejido de la lana y la procreación; porque el griego ve a la mujer como un castigo, el peor, que les ha podido mandar Zeus, tal y como se expresa en algunos mitos.

Desde que nacen las mujeres griegas tienen mala suerte: la mayoría expuestas en una hoya de barro a las inclemencias y, que de salvarse, sea para dedicarse a la servidumbre o la prostitución; sin recibir ninguna educación intelectual son prometidas hasta con cinco años con un hombre hasta veinte años mayor; casadas al llegar a la edad fértil, y encerradas de nuevo en otro hogar para dar hijos al marido. Fiel ante todo, debe soportar que su marido pueda tener concubina o relacionarse con otras mujeres como las heteras. Y finalmente puede ser repudiada sin razón o separada de su marido por intereses de su padre, casi exclusivamente económicos.

Inferior para la filosofía de Aristóteles, otros pensadores como Sócrates y Aspasia abogan por las capacidades femeninas y la necesidad de la paridad entre sexos, pero estos pensamientos suponen una ruptura intolerable en el mundo griego clásico.

Pero fuera de Atenas es donde podemos encontrar mujeres más activas, al menos en el campo cultural, como son Safo, Mirtis, Corina, etc; pertenecientes a escuelas de educación de señoritas, momento en el cual las mujeres pueden vivir en comunidad, relacionarse con otras mujeres y compartir tanto conocimientos como sentimientos.

Tal vez la influencia de la corriente minoritaria de Sócrates, la continuidad de las escuelas y su evolución, y el ejemplo de los macedonios y egipcios, permitieran la consecución de nuevas capacidades para las mujeres en el periodo Helénico. Aunque los hombre helenos persisten en algunas ideas contrarias al género femenino, es cierto que tanto la literatura como la filosofía admiten los sentimientos de las mujeres, ya no son un castigo divino, y, aunque aún les está vetada la política, ya encontramos algunas mujeres al frente de gobiernos como regentes, y la legislación plasma nuevos derechos que las permite ser más libres al menos en lo económico.

AUTORA: LORENA BODAS

La tipología de los denominados “marginados” en el mundo medieval es muy amplia. Todos ellos son pertenecientes al grupo social que nosotros denominamos pueblo llano o Tercer Estado.

Los casos referidos a la marginación social pueden ser muchos y muy variados, desde los relacionados con motivos religiosos, bien por pertenecer a otra confesión o llevar a cabo prácticas desaprobadas por la Iglesia. Bien por delitos contra la naturaleza, por casos de pobreza e indigencia, por padecer enfermedades consideradas castigos divinos, delitos contra natura y el caso específico de la mujer.

En este artículo, debido a la amplitud del tema, vamos a hablar de ellos de una manera superficial, ya que no podemos alargarnos demasiado.

El caso de la mujer en el periodo medieval es algo significativo, ya que a mi modo de ver es un colectivo marginado y discriminado doblemente, por un lado por el mero hecho de ser mujer, vive en una sociedad sacralizada y estamental, casi patriarcal, donde se ve subyugada a la figura masculina independientemente de su situación social o en cuál de los tres estados esté integrada, destaca su consabida supeditación a la figura masculina, ya sea la de su padre o tutor o la de su marido y por otro lado la de aquellas mujeres que ejercen la prostitución, un mundo inmerso en la semi clandestinidad, que es aceptado, pero no visto con buenos ojos.

Otros colectivos de marginados son los rechazados por cuestiones religiosas, bien porque sus prácticas no son aprobadas por la Iglesia, como es el caso de las herejías que campean por toda la Europa pleno y bajo medieval, o bien esas comunidades religiosas y étnicas que se diferencian de la ideología cristiana dominante. Es el caso de los seguidores de la ley mosaica y del profeta Mahoma.

Ambos grupos, si bien es cierto que durante un tiempo convivieron de forma pacífica en el solar hispano, es a partir del siglo XIV cuando comienzan a sufrir un “persecución” al verse recortadas sus libertades y capacidad de acción dentro del marco de la sociedad en que viven. Se les comienza a obligar a utilizar un distintivo en la ropa para identificarlos y segregarlos de los cristianos, se les prohíbe ejercer una serie de oficios, desempeñar cargos en la administración, cargos de gobierno, se les separa en la convivencia con el resto de la sociedad hacinándolos en barrios específicos gobernados por ellos mismos, las aljamas y juderías. También se les prohíbe cualquier relación carnal o íntima con los miembros de la comunidad cristiana, ya sea acudir a fiestas religiosas, casarse entre ellos, etc.

Otro tipo de marginación es aquella que se produce por cuestiones coyunturales, tipo enfermedad o pobreza. Comienza a identificarse al mendigo con la figura de cristo y se convierte en práctica habitual la donación de limosnas, etc.

Los enfermos también se convierten en marginados ya que son excluidos de la comunidad, por ejemplo los leprosos son recluidos en zonas apartadas de las ciudades, siendo obligados a hacer sonar una carraca cuando entran en una población para alertar a los habitantes de la misma.

En otro grupo dentro de los marginados estarían todos aquellos que se dedicados al mundo del hampa, libertinos, jugadores de naipes, dados, etc.

Finalmente podríamos detenernos en aquellos que pertenecerían a este colectivo de marginados, pero tratan de ocultarlo, como por ejemplo homosexuales, hechiceros, brujas, etc.

Como hemos visto en el término “marginados” estaría compuesto por un conglomerado bastante heterogéneo de colectivos sociales y casos puntuales que es difícil de analizar debido a la escasez de tiempo y la amplitud del tema.

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Los Caballeros de la Vera Cruz es una novela que comienza con un ritmo trepidante, justo tras la batalla de Hattin en la que el líder musulmán Saladino extermina, casi por completo, el poder ofensivo de los estados latinos en Tierra Santa en el año 1187. Es ahí cuando un caballero de la Orden del Hospital despierta tras una carga a la desesperada y se encuentra con un paisaje desolador. Hasta donde alcanza la vista no hay más que cadáveres de animales y hombres.

Hasta ahí un primer capítulo trepidante y bien estructurado que crea unas enormes expectativas a la novela que tras el tercer capítulo comienzan a verse truncadas.

Tras ser capturado, el protagonista es llevado, junto con sus hermanos de Orden y los templarios supervivientes al campamento de Saladino como prisioneros. Allí conoce al sobrino de Saladino y a una hermosa y misteriosa joven de nombre Casiopea que en teoría les conducirá a una misteriosa búsqueda de la Vera Cruz perdida durante la batalla.

Aquí es donde la novela empieza a flojear de manera alarmante y cada vez de forma más acusada. En primer lugar cuando Saladino ofrece a los supervivientes de la batalla o convertirse o morir…

Era un grandísimo estratega que destacaba por su piedad y entrega para conseguir sus fines, es decir, no era tonto y sabía que los monjes-guerreros formaban el cuerpo de élite de los ejércitos cristianos y no iba a dar la opción de salvarse a ninguno, salvo en el caso de una figura importante como el Maestre de la orden, etc.

Es aquí donde el protagonista es vendido como esclavo tras abrazar a fe mahometana, algo impensable para un hospitalario.

Es enviado a Damasco para ser vendido como esclavo donde un comerciante de reliquias judío le compra porque tiene una antigua deuda con él. La cual se explica al final de la obra de manera precipitada, al igual que el desenlace de la misma

Es allí donde comienzan a ser perseguidos por un grupo formado por templarios “blancos” o puros, una escisión de la orden y miembros de la secta ismaelí de los asesinos.

Más adelante aportará elementos esotéricos y míticos con conatos de acción a lo largo de la novela que refleja, a mi modo de ver, una escasa profundidad de los personajes.

Resumiendo, que la novela en sus tres primeros capítulos prometía una historia trepidante, basada en hechos históricos relatados con perfecta rigurosidad que se va diluyendo poco a poco con el discurrir de las páginas. En definitiva, que deja un sabor de boca agridulce, creó muchas y buenas expectativas que se quedaron en agua de borrajas.

Los movimientos fuera de la ortodoxia de la Iglesia en los primeros siglos del cristianismo como religión oficial embarcaron a los metropolitanos, sobre todo orientales, en un sin fin de luchas internas por cuestiones doctrinales.

Entre los más importantes figuran el arrianismo, maniqueísmo, etc. unos movimientos que tuvieron gran repercusión en la zona oriental.

 

En la zona occidental, quizás algo marginada de estas disputas teológicas, las herejías más importantes fueron el donatismo, las repercusiones de la herejía arriana por su aceptación por parte de los pueblos germanos que traspasan las fronteras del imperio y el Pelagianismo.

 

Pelagio fue un monje britano del siglo V DC, contemporáneo de San Agustín, que en el año 410 viaja al norte de África para predicar sus ideas por la cuenca occidental del Mediterráneo. Las ideas de este monje britano sostienen que Dios ha dejado al hombre la posibilidad de alcanzar una perfección tal que le podría librar de la posibilidad de pecar. Esto entra en oposición a las ideas de la época con respecto a la naturaleza humana. Pelagio la dota de una fuerza y una firmeza que otros autores le niegan.

 

Hay renacimientos del movimiento pelagianista en Britania en los siglos sucesivos que recoge Beda el Venerable en su Historia eclesiástica del pueblo inglés, señalándoles como propios de la idiosincrasia del pueblo britano.

Sus postulados fueron condenados en el año 416 en sendos concilios de Cartago y Mileve.

La herejía parecía vencida, pero el obispo pelagianista de Campania, Julián Ecleciano, emigró a oriente y contactó con Nestorio, lo que provocó que fueran condenados en el Concilio de Éfeso del 436, dejando así sin posibilidades de supervivencia al ala menos radical del movimiento, los semipelaganistas, más moderadas que abogaban por la posibilidad del ser humano de alcanzar la perfección espiritual, pero con la ayuda de la Gracia Divina en el momento inicial de la vida del ser humano.

 

Las tesis pelagianistas llevadas al extremo aseguran que el pecado original no afectaría al ser humano y que sería una cuestión de nuestros primitivos padres, Adán y Eva. Pondría en entredicho la necesidad del sacramento del bautismo para librarnos de ese pecado original y llega a cuestionarse la utilidad del sacrificio de Cristo en la Cruz para la redención de los pecados de la humanidad si esta es capaz de salvarse a sí misma. Así la figura del Salvador vendría a ser menos valorada en detrimento de su imagen como Maestro y guía para alcanzar la perfección espiritual.

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